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Con-tacto en pandemia

  Hace seis meses no salgo de la casa. Seis meses en los que no voy de fiesta, ni me doy besos con desconocidas, ni borro casete, ni viajo, ni nada de nada. Seis meses en los que extraño dramatizar detalladamente escenas de series de Netflix con mis amigos. Siento que el mundo nos quiere separar. En casa todos estamos, en cualquier rincón, sumergidos en el teléfono , convertidos en roommates, cada uno en lo suyo. Personalizamos el ocio. Utilizamos el teléfono como cámara, afinador, curso de inglés, agenda, podómetro, gimnasio, televisor, alarma, rockola, cuenco de meditación, supermercado y ventana indiscreta. Seguimos estudiando y trabajando, pero todo virtual: hasta la misa la vemos por YouTube. Estamos llenos de actividades recreativas virtuales; hemos preparado pizza, jugamos bingo por Zoom, hasta nos alineamos con yoga por Meet. Si Orwell nos viera… aquí tienen el Gran Hermano: conversaciones sin “buenos días” ni “buenas noches” transcurren a temporalidades que no requieren la...

Tadzio tardío 1

  Miércoles, cuatro de la tarde. Mi teléfono está a punto de estallar. Vibra, suena, alumbra, se descarga. Huracanes de notificaciones , entrevistas, viajes, invitaciones, colaboraciones. Nuevos seguidores en Instagram , Facebook y Twitter . Me han invitado a la Convención de letras de las Américas que tratará sobre las conexiones entre literatura y tecnología. Voy rumbo a la hirviente Tegucigalpa. Aún faltan unos cuantos días para el evento, pero me espera Omar, un hondureño que conocí hace unos meses en Bogotá. Serán mis ojos de turista, pero todo en Centroamérica me encanta: los acentos, los colores, el mar, los ríos, los volcanes, la comida, la gente, el humor, la fiesta… me quedaría a vivir en la Isla de Flores, entre hippies, extranjeros e indígenas.                                                        *** El hotel no está mal y menos a...