Hace seis meses no salgo de la casa. Seis meses en los que no voy de fiesta, ni me doy besos con desconocidas, ni borro casete, ni viajo, ni nada de nada. Seis meses en los que extraño dramatizar detalladamente escenas de series de Netflix con mis amigos. Siento que el mundo nos quiere separar. En casa todos estamos, en cualquier rincón, sumergidos en el teléfono , convertidos en roommates, cada uno en lo suyo. Personalizamos el ocio. Utilizamos el teléfono como cámara, afinador, curso de inglés, agenda, podómetro, gimnasio, televisor, alarma, rockola, cuenco de meditación, supermercado y ventana indiscreta. Seguimos estudiando y trabajando, pero todo virtual: hasta la misa la vemos por YouTube. Estamos llenos de actividades recreativas virtuales; hemos preparado pizza, jugamos bingo por Zoom, hasta nos alineamos con yoga por Meet. Si Orwell nos viera… aquí tienen el Gran Hermano: conversaciones sin “buenos días” ni “buenas noches” transcurren a temporalidades que no requieren la...
La virtualidad cambió la forma en que nos relacionamos. Después de 30 años de internet en los que han aparecido sucesivamente el correo electrónico, los chats y las redes sociales, naturalizamos un sinnúmero de interacciones sociales inimaginables. Sean todos bienvenidos a este blog. Alessandro Martini.