En contra de mi voluntad cambio mi forma de interactuar con Tadzio. Intento que parezca natural. Culpo a la distancia que nos separa. En Spotify pongo la playlist El Perro y la Calandria y lloro mientras escribo el blog , mientras leo, mientras cocino. Ignoro los mensajes de Tadzio, que no son pocos. Para que no sea peor, declino las notificaciones apenas llegan. Quiero bailar, beber, meter pepas en un club de techno, amanecer en alguna residencia con un hípster igual de viajado a mí, desconectar. Le escribo a mis antiguos amigos de fiesta y declinan la invitación por compromisos con sus parejas. Nadie responde a mi rugido por WhatsApp, ni por Facebook , ni por Instagram . Todos se ven felices en sus planes y vidas perfectas. El único que insiste en mi teléfono es Tadzio. Contesto, solo por aburrimiento, algunos mensajes de Grindr de otros tipos. Envío fotos de aquella única sesión de fotos y con eso es suficiente para despertar las bestias de los perfiles que me solicitan. Has...
La virtualidad cambió la forma en que nos relacionamos. Después de 30 años de internet en los que han aparecido sucesivamente el correo electrónico, los chats y las redes sociales, naturalizamos un sinnúmero de interacciones sociales inimaginables. Sean todos bienvenidos a este blog. Alessandro Martini.