Me despierta el sonido de la ducha. Desde mi habitación no suelo oírla. Esta no es mi cama. Reconstruyo la madrugada, la noche . Del baño sale Roger…no, Ricardo… ¡Raymond! De día se ve mejor; se acerca, me besa y se sacude como un perro, me deja todo mojado, ya no te quiero, le digo, y me paro a la ducha. Me duele el culo. Nunca soy pasivo, pero el Popper hace lo suyo. Extrañamente no me duele la cabeza. Rogelio o Ramón me hizo la prueba de VIH hace unos días y desde entonces seguimos hablando por WhatsApp. ¡Raymond! Aunque siempre me cuido, bueno, casi siempre, estuve un poco azarado después de lo del guarda. Mientras me ducho viene como una oleada caliente el recuerdo de Tadzio. Imagino que despierta, toma un café negro, camina hasta la piscina, tira la bata al suelo y de un clavado se zambulle en la piscina. Me pajeo, llamo a Raymond, que ya estaba vestido, y se desviste, se mete al agua, me la chupa, pienso en el abdomen de Tadzio, su blancura arrugada por el cloro, casi que ...
La virtualidad cambió la forma en que nos relacionamos. Después de 30 años de internet en los que han aparecido sucesivamente el correo electrónico, los chats y las redes sociales, naturalizamos un sinnúmero de interacciones sociales inimaginables. Sean todos bienvenidos a este blog. Alessandro Martini.