Miércoles, cuatro de la tarde. Mi teléfono está a punto de estallar. Vibra, suena, alumbra, se descarga. Huracanes de notificaciones , entrevistas, viajes, invitaciones, colaboraciones. Nuevos seguidores en Instagram , Facebook y Twitter . Me han invitado a la Convención de letras de las Américas que tratará sobre las conexiones entre literatura y tecnología. Voy rumbo a la hirviente Tegucigalpa. Aún faltan unos cuantos días para el evento, pero me espera Omar, un hondureño que conocí hace unos meses en Bogotá. Serán mis ojos de turista, pero todo en Centroamérica me encanta: los acentos, los colores, el mar, los ríos, los volcanes, la comida, la gente, el humor, la fiesta… me quedaría a vivir en la Isla de Flores, entre hippies, extranjeros e indígenas. *** El hotel no está mal y menos a...
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