Pasan las semanas. Las conversaciones con Solo Morbo Virtual se tornan diarias. Me cuenta todo lo que hace. Todo. Me envía fotos de lo que come, lo que lee; me pide que le ayude a escoger sus atuendos. Se me hace extraño que sea igual todo el tiempo. Es decir, que no desaparezca en ningún momento, ni en las noches, o en los fines de semana.
Para la frecuencia e intensidad del diálogo que tenemos, hace rato hubiéramos pasado a otra red social, pero ninguno de los dos lo sugiere. Nuestros mensajes, fotos, audios y videos, ocurren solo en Grindr. Es inevitable no hilar esa situación con la foto de WhatsApp de Tadzio. ¿Cuál será el rollo con la mujer de la foto? ¿Será ella lesbiana y él gay, y juntos taparán sus diabluras? Aunque ella me recuerda más a Natasha, la que no se le despega a Marc Darcy en el Diario de Bridget Jones. ¿Tadzio me escribirá estando con ella? Tal vez soy una invitada del matrimonio jovial de la foto. No tengo forma de confirmarlo.
Quiero creer que tengo el control del asunto. Que del sexting no pasaremos. Pero no niego que quisiera… besar su blancura, escuchar sus comentarios sobre la mala ortografía en Grindr, verlo dormir como una estrella de mar en mi cama King. Y sé que el sentimiento, al menos en Grindr, es recíproco. Es muy tarde para decirle que soy yo.
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