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Tadzio tardío 8

 


Ya son seis meses con la cuenta de Grindr desactivada. Esperar una respuesta de Solo Morbo Virtual me dio tanta ansiedad que quise acabar con esa tensión virtual. Saciar mis necesidades sexuales a la antigua trae más adrenalina. Paseo por centros comerciales, cines y baños públicos, visito callejones que prometen el cielo por ochenta mil pesos. Una tarde de parque, mientras scrolleo historias en Instagram, espero que alguna presa caiga en mis piernas. Como suele suceder en Bogotá, el despejado cielo azul rápidamente se cubre de nubarrones grises que casi inundan la ciudad entera. Vuelvo empapado al apartamento, me quito la ropa mojada, preparo un té caliente y me meto bajo las cobijas. En ese calor duermo por tres horas que parecen una noche entera.

Despierto como si me hubieran borrado el caché. Agarro mi Tablet y vuelvo a crear un perfil en Grindr, pero esta vez, cambio el género masculino por el de mujer trans. Pienso en un nombre que combine: Safo es muy lésbica… Cher es jurásica… Helena… tiene carácter, sí.

Ensayo distintos mensajes para la biografía del perfil: “Me visto de chica y doy pija”, “Chica trans intelectual y fogosa”, “Solo extranjeros”, etcétera. Finalmente pongo: “Poco discreta. Juguemos un rato”. Una vez listo el perfil, me empiezan a llegar mensajes y Taps de perfiles de hombres. ¡Y eso que no tenía foto! Mientras leo los mensajes, pienso que Tadzio es casado, reprimido, mandón y cacorro, un hombre de familia que se acuesta con travestis y pirobitos y vuelve a casa con las onces de sus hijos y un chocolate para su esposa.

Me doy una ducha larga, me pongo crema en todo el cuerpo, hasta en la barba, y me afeito todo. Qué demora. Acaricio mi cuerpo lampiño. La última vez que estuve así tenía trece años. Desde la adolescencia me invadió una cantidad de pelos. Me pongo cinta de la que usan en los rodajes para hacerme la “operación”; el dolor casi me paraliza. No tengo ropa interior femenina, pero sí suspensorios. La planicie de mi sexo es toda una revelación. La sensación corporal con apenas unas cuantas intervenciones me alucina. Me tomo muchas fotografías de las piernas, del culo, de los suspensorios; en el baño, en la habitación, en la sala, estoy fascinado. Hago de mi apartamento un estudio de fotografía: exploro con el plano detalle, plano medio, primer plano, primerísimo primer plano; le pongo efectos de luz, filtros en los que se pone borrosa alguna parte. Si me piden foto, ya tengo con qué responder.

Me preguntan que cuánto cobro, si soy pasiva o activa, si tengo sitio, que mande foto de cara, de tetas, que mande, como dice Karol G, location. Ignoro la mayoría de los mensajes, pero veo todas las fotos que me envían: algunos tipos son guapos, me envían foto de cara y según el caso, de culo y de verga. Después de contemplar sus miembros, los bloqueo. Les devuelvo los Taps a dos chicos, uno de 19 y otro de 21. También le envío un Tap a una chica trans. Y a otra y a otra. Imagino que una de ellas me penetra mientras sus tetas se balancean en mi nariz. Me hace crujir la cinta. Duele.


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