Sanín, C. (2020). Tu cruz en el cielo desierto. Laguna Libros.
¿Cómo medir la intensidad de un amor virtual, de un amor sin tacto? ¿Será más sólido el desamor que el amor? ¿A qué recuerdos acudir? Se recuerda que se recordó. Se añora el contacto, la virtualidad es su placebo que a veces, en su afán de acercar, aleja. Tu cruz en el cielo desierto crea puentes que cruzan las fronteras del diario: el desahogo, el desgarro, la autoficción, el eco y el ensayo, la prosa poética, y algunos poemas y tuits, entre la autora/protagonista y un poeta chileno (que hace también de paquete chileno).
Su historia de desamor comienza en Twitter y termina cuando ella le pide que dejen de escribirse, tras mucho tiempo de chats, videollamadas y sexting:
“Yo también les daba besos a sus fotos, pero no se lo decía. A veces, cuando hablábamos con video, cometíamos la ¿superchería?, ¿tontería?, ¿ternura?, ¿trampa? de besarnos rápidamente en la pantalla. Lo vi con el pelo recién cortado, lo vi a primera hora de la mañana y cansado al final del día, pero nunca dejé de preguntarme cómo sería su rostro realmente; cómo sería en la presencia”.
Nunca se tocan, no se ven físicamente, siempre, entre ellos, hay una pantalla de por medio. Ella insiste en que se encuentren en cualquier lugar del mundo, él, por su parte, se siente cómodo tal cual están.
En este libro la autora se saca las espinas para que cicatricen las llagas. Abraza la nada, fragmentos, suposiciones, simulacros, máscaras y avatares.
La presencia de la ausencia. Estar sin estar. Estar de otras formas se intensifica con el uso de las tecnologías, de la globalización, de seguir el ritmo de la existencia, de la tan nombrada transición de la era de piscis a la individualista era de acuario, que se piensa el amor, que no sigue la tradición porque toca, sino la elige, la decide, rastrea qué forma se ajusta a la apretada agenda de vida y definitivamente, la virtualidad permite estímulos esporádicos, controlados, efectivos: buscas, encuentras. Buscas lo esencial y lo encuentras. Buscas lo especial y lo encuentras. Buscas costarricenses y los encuentras por Grindr. Buscas el amor de tu vida, lo encuentras en una página de chat, te casas y el heteronormado final feliz de Disney se hace realidad, o es un espejismo, te aburres, te desconectas. A veces no buscas nada y alguien te echa los perros en Twitter y pese a su mala fama, te desbocas.
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